Marihuana y Cine

Mayo 18, 2008

El cine siempre ha tenido una estrecha relación con lo prohibido. Desde su nacimiento, se ha empeñado en registrar lo inaccesible, lo disparejo y lo peligroso. Conjurando algún reclamo moral o entonando alguna propuesta estética, el tema de la droga y sus efectos ha hecho rodar los carretes infinidad de veces. Pero ya sea por la explotación sensacionalista o el esfuerzo de instruir, las drogas en el cine difícilmente han podido escapar de una representación que no concuerde con lo socialmente aceptado.

Naturalmente, la marihuana no ha sido la excepción, no por gusto es ilegal. Sin embargo, en este caso vemos que su representación en el cine ha circulado entre la condena total y la apología directa. Acorde al grado de apertura de la gente, el cine ha ido incorporado a dos personajes clásicos de la cultura marihuanera: el hippy y el rastafari, ambos seguidos por una densa nube de humo. Para que esto pasara una parte respetable de la sociedad (norteamericana, qué otra) ya consideraba a la marihuana inofensiva e, injustamente, proscrita en un mundo donde peores drogas transitan por la legalidad.

En esta historia de las visiones de la marihuana en el cine, queramos o no, la cinematografía norteamericana es referencia principal, pues Estados Unidos, como mayor productor de películas de Occidente, es quien más irradia hacia el resto del mundo conceptos en materia de drogas (además de una larga lista de otros asuntos). Respecto a la hierba, sin embargo, cuando este cine ha intentado ser aleccionador de sus peligros, el resultado, como veremos, ha sido torpe y sospechosamente hipócrita. Las cosas mejoraron después, cuando su uso ya no sufría de la condena unánime y podía ser representada más simpatía.

Con algunas excepciones, la mayoría de encuentros entre el cine y la marihuana han caído en el olvido de las mayorías. El espectro de estilos e intenciones es amplio. Tenemos burdas cintas inscritas al exploitation temprano como “Assassin of Youth” (Asesino de la juventud, 1937), “She Shoulda Said No” (Ella debió decir no, 1949), “Marihuana” (1935) y la hoy obra de culto “Reefer Madness”(1936). Cintas panfletarias como “Marijuana” (1968), donde el cantante Sonny Bono pronuncia un alegato contra su consumo con ojos farsantes y estoneados. Desconocidas cintas latinoamericanas como la argentina “Humo de Marihuana” (1968) y las mexicanas “El marihuanero (1999)” y “La Cruz de marihuana” (2003). Documentales a favor de la legalización como “Hempsters: Plant the Seed” (2003) y “Grass” (1999). Comedias amables del cine masivo contemporáneo, como “Saving Grace” (2000), traducida como “El jardín de la alegría”, que juguetea con la idea de cultivar hierba para pagar deudas y muestra bajo sus efectos a unos ingleses de pueblo; como la divertida “Half Baked” (1998), sobre grandes amistades unidas con papel de fumar, o “Homegrown”(1998) que pone de bufones a traficantes ineptos. Entre otros tantos títulos, sin contar la infinidad de apariciones circunstanciales, sin mayor importancia en la trama, que puede encontrarse en el cine de todo el mundo

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